"Tu calidad de vida no está en tus manos... está en tu mente"
Vida Integral, Verdadera y Excelente
El Amor Verdadero
Cuando sentimos la falta de amor buscamos quien nos ame, nos aprecie y entienda, y tratamos de
quedar bien con la gente con tal de recibir su aprobación, su amor. Nos importa más el “Qué dirán”
y dejamos de ser genuinos.

Tratándose de la pareja normalmente mostramos una faceta durante el cortejo y el noviazgo, pero
finalmente surge quienes somos en verdad. No es lo mismo dar amor incondicional que tratar de
agradar o hacer cosas a cambio de amor. Esperamos amor pero no lo damos. Es como pedirle a la
chimenea que nos dé calor y a cambio le daremos leña.

Hablando del amor, algo que llega a causar ciertas dudas de cómo aplicarlo es la cuestión del Amor
Incondicional. Esto es, que se nos dice que amemos a nuestros semejantes, a todos. Jesús decía:

    “Ámense los unos a los otros”

Es fácil entender el amor a la pareja. El cariño a los familiares o el afecto a los amigos también nos
es fácil de entender. La mayor duda surge al pensar en personas que nos han agraviado, según
nosotros.

Llegamos a pensar que basta con perdonarlos, pero ¿cómo es posible que además los amemos?
Ahora bien, ¿qué tal con extraños? En el caso de extraños con los que uno se topa, no sentimos
nada malo hacía ellos, tal vez compasión, comprensión, empatía, pero ¿Amarlos?

Empieza a haber algo de claridad cuando se dice que el amor hacia los demás implica tolerancia y
buena voluntad. Sin embargo, aún no está completo del todo, ya que se habla de amor
incondicional.

El amor de una madre es lo que más se asemeja a este amor incondicional. La madre acepta
incondicionalmente a sus hijos, pero ese sentimiento no necesariamente se extiende a los demás.

Jesús es el ejemplo claro y sin lugar a dudas de lo que es el amor incondicional a nuestros
semejantes. Él no condenaba, no juzgaba.

Cuando nuestra atención se fija en los errores, fallas o defectos de los demás, es ver la paja en el
ojo ajeno, los estamos juzgando, los estamos criticando. Estamos diciendo;

    “Yo estoy bien y tú estás mal”

Si viéramos a un bebé que está aprendiendo a caminar, no lo criticaríamos por sus pasos torpes e
inseguros. Si se cayera, no pensaríamos nada negativo, acudiríamos a levantarlo. Le brindaríamos
apoyo y consuelo. Pues todos somos como bebés en esta experiencia llamada vida.

“El éxito es la capacidad de amar a los demás. No en un sentido grandioso y extraordinario, sino en
lo cotidiano; poco a poco, con cada uno de nuestros actos, de nuestros gestos, de nuestras
palabras”
; Ralph Fiennes.

Amor incondicional vendría a ser entonces total aceptación de los demás, con sus fallas, errores y
defectos, sin juzgarlos, sin criticarlos, tenerles tolerancia y buena voluntad, viendo sólo lo bueno en
ellos. Sin embargo, a la primera persona que debemos amar incondicionalmente es a nosotros
mismos, ya que de otra manera, no podemos dar lo que no tenemos.

“No hay dificultad alguna que suficiente amor no conquiste, ninguna enfermedad que suficiente amor
no sane, ninguna puerta que suficiente amor no abra, ningún golfo que suficiente amor no sirva de
puente, ningún muro que suficiente amor no derrumbe, ningún pecado que suficiente amor no
redima.

No importa qué tan profundo esté asentado un problema, qué tan desesperanzado se vislumbre algo,
qué tan enlodado el enredo, qué tan grande el error. Una suficiente realización de amor disolverá
todo. Si sólo pudieras amar lo suficiente, serías el ser más feliz y el más poderoso en todo el
mundo.”
; Emmet Fox.

Regresar a
INICIO